El ingeniero, al reparar un puente, debe tener cierta idea de las funciones que un puente debería desempeñar, de las cargas que debería soportar, de la resistencia que debe tener y de lo que podría esperarse que volviera a destruirlo. Esto es razonamiento simple. El ingeniero no mira este puente que debe reparar, suspira, dice que el problema es demasiado complicado, discute irritado con varias “autoridades” diferentes en puentes, coloca algo de dinamita en el lugar equivocado y lo vuela, y luego se pregunta por qué ya no queda nada del puente, y comienza a explicar a todos los transeúntes, que lo llamaron demasiado tarde, que eso fue todo, y que de cualquier forma los puentes no sirven para nada.
Sin embargo, me temo que este ha sido el método para tratar el problema de la mente y el cuerpo humanos.
Para empezar la rehabilitación de una mente y un cuerpo humanos, se debería saber algo sobre su estado óptimo. Ese sería el principio de la respuesta en relación a cómo se podrían rehabilitar la mente y el cuerpo humanos. Además, sería el principio de una respuesta relativa a qué entorno y condiciones favorecen más a la mente y al cuerpo humanos. Después de eso, se podrían concebir formas de lograr una condición óptima.
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