Aparentemente, la meta del hombre aquí en la Tierra es la supervivencia. Y con supervivencia se quiere decir todo lo necesario para sobrevivir: lo que incluye el honor, los principios morales, el idealismo y otras cosas que hacen la vida tolerable. Un hombre sobrevive tanto como puede en una vida, en el nivel más alto que pueda alcanzar en cuanto a actividad y felicidad. Cuando ya no puede llegar a tener algo de esperanza en este ideal, sucumbe. Y aunque nos cuidemos de suscitar incredulidad, el hecho se demuestra tan fácilmente, de tantas maneras y con una uniformidad científica tan automática, que se debería saber que, en apariencia, el hombre sólo muere en cuerpo y nace para seguir viviendo un día más.
Físicamente, en la cadena evolutiva, el hombre está tratando de lograr un control cada vez mayor de su entorno. El entorno no controla a un hombre sano. Él controla el entorno. Las inmediaciones de un hombre enfermo, de un hombre neurótico o demente, tienen tendencia a controlarle. Esto se ve con claridad al avanzar, por medio de Scientology, a estados de ánimo más felices. La salud y la habilidad crecen directamente en la proporción en que la persona afirma un control mayor y más seguro sobre sus inmediaciones. A la inversa, la persona afirma un control cada vez mejor de sus inmediaciones en la medida en que se vuelve más saludable y más feliz.
Así que existe una segunda meta. Es evidente que el hombre está sobreviviendo para lograr un control más elevado y más fuerte del universo físico. El universo físico se compone de materia, energía, espacio y tiempo. Aquí, la palabra que se ha acuñado para el universo físico es: mest. Es fácil de recordar, ya que se compone de las iniciales de las cuatro palabras en inglés matter, energy, space y time (materia, energía, espacio y tiempo).
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