El primer elemento del estado de ser ideal es soy. Shakespeare estaba bastante en lo correcto con su cuestión: “¿Ser o no ser?”. Cuando un hombre está tratando de tomar una decisión, esa decisión se divide en un asunto de elegir uno de dos caminos: ser o no ser. El nivel más alto de estado deseable es soy: no hay dudas sobre lo aconsejable de ser, ni aprensión por el futuro. El nivel más bajo en un camino de supervivencia sería no soy. Entre estos dos puntos tenemos las dudas, la profunda inquietud y las indecisiones del fatigado, del iracundo y del temeroso. Cuando un hombre se ha decidido en relación a un camino, sólo entonces se siente cómodo. Siempre que se quede suspendido en un quizás en cualquier decisión, se sentirá incómodo. En cualquier camino, sólo hay dos decisiones posibles: asumir un estado de ser o asumir un estado de no ser.
Y aquí tenemos el asunto de las escalas de gradiente. Los éxitos son pedacitos del vivir. Los fracasos son pedacitos de muerte. Como la batalla que se perdió, y todo por la pérdida un clavo de la herradura de un caballo, un pequeño fracaso puede iniciar una serie de fracasos que terminen en la muerte real. No es que la muerte sea muy importante, aparte de ser dolorosa, pero el hecho es, pues, que se tiende a darle muchísimo peso a los fracasos.
Se podría decir que el estado ideal de ser es tener un éxito total en todas las cosas. A esto se contrapone tener tantos fracasos que se esté muerto.
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